“Lo que más me ha impactado como sponsor del proyecto IntegradAs es, por un lado, la dedicación y compromiso de los voluntarios y, por otro, el enorme agradecimiento por parte de las mujeres que van a los cursos y de los centros de la DGM. Para ellas, esto es una parte fundamental en su proceso de integración, les ayuda a conocer diferentes perfiles de personas, formarse en diversos temas, pero sobre todo, desconectar de su rutina, darse cuenta de que son capaces de conseguir lo que se propongan y sentirse valoradas y queridas”.

“De mi experiencia como voluntario he aprendido a luchar por lo que creo y por lo que vale la pena, a relativizar los problemas y a agradecer lo afortunado que soy”.

“Me preguntan qué me mueve a ser voluntario y yo creo que es algo natural. Se trata de dar un poco a cambio de lo mucho que recibes. Quizás la pregunta que deberíamos hacernos es qué mueve a las personas a no ser voluntarias. En realidad, ¿Quién no tiene un par de horas al mes? ¿O al trimestre? Haciendo muy, muy poco, y dándoselo a los demás, recibes muchísimo a cambio”.

“Ayudar es una forma de inyectar alegría diaria al alma y al corazón. Los seres humanos somos más felices cuando vemos a gente que realmente lo está pasando mal sonreír y esto se puede conseguir con muy poco. A veces, con cosas que en nuestro día a día son insignificantes y para otras personas, son un mundo”.

“Siento que mejoro la vida de los demás y al hacerlo mejora la mía propia porque me hace sentir especialmente feliz. Está demostrado que la gratitud reconforta  y mejora el estado de ánimo. Es una forma de vida y es ilimitada en el voluntariado”.